San Juan Pablo II, el papa polaco del “no tengáis miedo”

Cabecera Juan Pablo II

El 2 de abril de 2002 fallecía en Roma Juan Pablo II, primer papa polaco de la historia y, sin duda, el personaje más influyente del siglo XX de la nación eslava. Su actividad durante su pontificado, desarrollado durante la Guerra Fría, se desveló como clave para el derrumbamiento del bloque comunista y el acercamiento del catolicismo a otras religiones.

Casa Museo Juan Pablo II Wadowice

Casa natal de Juan Pablo II en Wadowice. Fuente: Wikimedia.

Karol Wojtiła vino al mundo el en Wadowice, una pequeña ciudad cercana a Cracovia. Su padre, Karol Wojtiła, fue un oficial del ejército polaco casado con Emilia Anna Kaczorowska, ama de casa. La pareja tuvo tres hijos: Olga, quien falleció antes de que naciera el futuro pontífice, Edmund (Mundek) y Karol (Lolek). La madre falleció cuando Karol solo contaba con 8 años, ocupándose en adelante su padre de sacar adelante a sus dos hijos.

Durante su niñez jugaba al fútbol con otros niños de su edad. El futuro papa siempre recordaba que los equipos solían de ser de católicos contra judíos, participando él mismo muchas veces como portero del equipo hebreo si no tenían suficientes jugadores. De la comunidad judía que él conoció, Wojtiła siempre destacó su patriotismo, además de que su única novia conocida, Ginka Beer, era judía. Otra de sus grandes pasiones fue el teatro, que solo abandonaría por su carrera sacerdotal.

Una vez terminados sus estudios secundarios en el instituto local “Marcin Wadowita”, en 1938 se trasladó con su padre a Cracovia, matriculándose en la Universidad Jaguellónica para estudiar filología. Aquí es donde se descubrió su prodigioso talento para los idiomas, ya que llegó a hablar fluidamente nueve lenguas.

Cuando estalla la guerra en 1939 y Polonia es invadida, la universidad es cerrada por los alemanes, que obligan a los estudiantes a trabajar mientras se planea la ejecución sumaria de los profesores de la academia cracoviana. El joven Karol trabajó como mensajero para un restaurante, en una cantera y en una fábrica química de la compañía Solvay. Durante esta época, sufrió dos accidentes que le dejarían secuelas serias secuelas, pero no pierde el tiempo y continúa con sus representaciones teatrales, sus estudios clandestinos y, también, profundiza en su experiencia religiosa.

En 1941 su padre sufrió un ataque al corazón fulminante, hecho considerado trascendental para que Karol, abatido, tomase la decisión de ingresar en el seminario al no haber podido estar presente en su muerte y ser el único superviviente de su familia. En octubre de 1942 pidió ser admitido en el seminario clandestino del cardenal Sapieha, dado que la enseñanza formal en polaco estaba prohibida por los ocupantes germanos. Durante la ocupación ayudó a escapar a varios judíos de los nazis, destacando la historia de Edith Zierer, a quien ayudó a llegar a Cracovia tras escapar de un campo de trabajo.

El 6 de agosto de 1944 Wojtiła escapó de una redada nazi escapando por el sótano de la casa de su tío, escondiéndose hasta el final de la guerra en el palacio arzobispal. Al retirarse los alemanes, él y otros seminaristas colaboraron en la limpieza de las ruinas del seminario.

El 1 de noviembre de 1946 el cardenal Sapieha le ordenó sacerdote, enviándole poco después a continuar sus estudios al Angelicum de Roma. Allí defendió su tesis doctoral en 1948 con una disertación sobre la doctrina de la fe en la obra de San Juan de la Cruz.

Ascenso episcopal

Su fama no tardó en llegar a oídos del papa Pablo VI, quien en 1964 le nombra arzobispo de Cracovia, sede de su mentor Sapieha, para en 1967 admitirle en el colegio cardenalicio. En 1973 comenzó su larga amistad con la filósofa polaco-americana Anna Teresa Tymieniecka, quien le ayudó a traducir al inglés uno de sus libros más influyentes, “Persona y acto”. Ella también contribuyó a organizar los encuentros del arzobispo cracoviano con varios cardenales americanos en su visita a EEUU en 1976, quienes será decisivos en su posterior elección papal.

Mientras tanto, Wojtiła siguió colaborando con el Vaticano como consultor del Concilio Pontificio para los laicos o como redactor de la exhortación pontificia Evangelii nuntiandi de 1975.

Fumata blanca: el primer papa polaco de la historia

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Juan Pablo II saluda al público el día de su elección. Fuente: Wikimedia.

En 1978, la muerte del papa Pablo VI requirió que Wojtila participase en el cónclave para elegir a su sucesor en la Cátedra de San Pedro. De él salió elegido Juan Pablo I, quien falleció repentinamente 33 días después de su elección, lo que hizo necesaria una nueva votación. En este segundo cónclave había dos favoritos, ambos italianos, el cardenal conservador Siri y el liberal Benelli. Sin embargo, ninguno de los dos estaba en condiciones de conseguir una mayoría suficiente dada la polarización existente entre los cardenales, por lo que el arzobispo de Viena, König, propuso al candidato polaco como tercera vía. Apoyado por Siri, los cardenales americanos y otros moderados, Karol Wojtiła obtuvo 99 de los 111 votos posibles, convirtiéndose el 16 de octubre de 1978 en el papa número 264 de la iglesia católica.

Como homenaje a sus predecesores Juan Pablo I y Pablo VI, tomó el nombre regio de Juan Pablo II. Al igual que hizo Juan Pablo I, renunció a la ceremonia de coronación, siendo investido el 22 de octubre de 1978 en una ceremonia simplificada.

Su pontificado destacó por una increíble actividad viajera que le llevó a visitar 129 países en 104 viajes fuera de Italia. Esto supuso un total de 1.167.000 km recorridos, más que todos los viajes apostólicos de sus antecesores juntos. Gracias a esto, fue conocido como el “Papa peregrino”. Se hizo muy popular la imagen del papa arrodillándose y besando el suelo de cada nuevo lugar en el que aterrizaba.

Sus viajes fueron simbólicos, convirtiéndose en el primer pontífice en visitar Egipto, en estar en la Casa Blanca, en rezar ante el Muro de las Lamentaciones o en rezar en la mezquita Omeya de Damasco. Igualmente, las misas y encuentros organizados en cada país eran multitudinarios, destacando los cinco millones de participantes en la Jornada Mundial de la Juventud en Manila de 1995.

El papa del “no tengáis miedo”

Nunca olvidó su tierra natal. En 1979 organizó su primera visita pastoral a Polonia, entonces víctima de la dictadura comunista establecida tras la II Guerra Mundial. El régimen comunista quiso aprovechar la visita como escaparate de la República Popular Polaca, si bien temían que fuese la mecha que encendiese una revuelta. En cualquier caso, si se hubiese producido un derramamiento de sangre, las autoridades tenían previsto acusar al papa como responsable.

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Imagen de la multitudinaria misa en la Plaza de la Victoria de Varsovia. Fuente: Wikimedia/PAP

No hubo disturbios de ninguna clase, dado que el papa, un consumado diplomático, no entró en el juego de provocar al gobierno. La visita fue todo un éxito, congregando a más de diez millones de polacos en los nueve días que duró su peregrinación. En la misa ofrecida en la plaza Piłsudski, entonces de la Victoria, se congregaron más de un millón de personas el 2 de junio de 1979. Aunque nunca mencionó abiertamente al régimen comunista, sí que en aquel encuentro citó la necesidad de que Polonia fuese realmente independiente:

“Nos encontramos ante la tumba del Soldado Desconocido. En la historia de Polonia —antigua y contemporánea—esta tumba tiene un fundamento y una razón de ser particulares. ¡En cuántos lugares de la tierra nativa ha caído ese soldado! ¡En cuántos lugares de Europa y del mundo gritaba él con su muerte que no puede haber una Europa justa sin la independencia de Polonia, señalada sobre su mapa! ¡En cuántos campos de batalla ese soldado ha dado testimonio de los derechos del hombre, grabados profundamente en los inviolables derechos del pueblo, cayendo por “nuestra y vuestra libertad”! “¿Dónde están las queridas tumbas, oh Polonia? ¿Y dónde no están? Tú lo sabes mejor que nadie y Dios lo sabe desde el cielo” (Artur Oppman, Pacierz za zmalych).

¡La historia de la patria escrita a través de la tumba de un Soldado Desconocido!

Deseo arrodillarme ante esta tumba para venerar cada semilla que cayendo en la tierra y muriendo produce fruto en sí misma. Será ésta la semilla de la sangre del soldado derramada sobre el campo de batalla o el sacrificio del martirio en los campos de concentración o en las cárceles. Será la semilla del duro trabajo diario, con el sudor de la frente, en el campo, en el taller, en la mina, en las fundiciones y en las fábricas. Será la semilla de amor de los padres que no rehúsan dar la vida a un nuevo ser humano y que aceptan toda la responsabilidad educativa. Será ésta la semilla del trabajo creativo en las universidades, en los institutos superiores, en las bibliotecas, en los centros de cultura nacional. Será la semilla de la oración, del servicio a los enfermos, a los que sufren, a los abandonados: “todo lo que constituye Polonia”.

Juan Pablo II. Varsovia, 2 de junio de 1979 [Versión íntegra de la homilía aquí].

Con sus discursos el papa habló a los polacos de la necesidad de no tener miedo y de respaldarse los unos a los otros. Estos vieron no solo al papa, sino a un polaco que podía hablar libremente porque estaba lejos del alcance del régimen. Su visita impulsó la creación, poco tiempo después, del sindicato Solidaridad. El primer paso para la caída del régimen comunista polaco fue este primer viaje pontificio al país. La contribución del papa en la caída del comunismo en Europa Oriental es considerada clave por todos los historiadores contemporáneos. Visitaría Polonia en ocho ocasiones más, siendo siempre aclamado por masas de polacos que vieron en él un motivo de orgullo nacional.

Un papa conservador 

Su pontificado fue uno de los más largos de la historia, destacando por una gran producción de textos en materia teológica, además de beatificar y canonizar a tantas personas como en todos los cinco siglos anteriores. Sin querer convertir este artículo en un opúsculo teológico, podemos resumir su ideología como conservadora, mostrándose firmemente en contra del aborto, el divorcio, la eutanasia y la pena de muerte. En lo tocante a la sexualidad, se opuso al empleo de métodos anticonceptivos, cuestión polémica dado que su pontificado coincidió con la expansión del SIDA. Del mismo modo, el celibato siguió siendo obligatorio para el sacerdocio, que siguió sin abrirse a las mujeres. Sobre los homosexuales, continuó condenando sus actos como parte de la moral eclesiástica, aunque defendió su dignidad y pidió a la Iglesia que cuidase de ellos. Fue, del mismo modo, opuesto a la adopción de niños por parejas homosexuales, ya que lo veía como un ataque a la familia tradicional. También se opuso a la Teología de la Liberación, que había ganado muchos seguidores en América Latina, pero a la que consideraba contaminada de marxismo. Su sucesor, Benedicto XVI, mantendría a grandes rasgos sus políticas.

Cuestiones teológicas aparte, fue un papa que apostó por la libertad, los derechos del hombre y que no dudó en hablar en favor de los desfavorecidos. En los 80 tildó abiertamente de dictador a Pinochet, y llegó a abrazar y besar a Carmen Gloria Quintana, reconocida opositora que había sido parcialmente quemada por el ejército chileno; una actitud similar mostró contra las dictaduras en Haití o en Paraguay. En 1985 se expresó contra el Apartheid brutal en Sudáfrica, en 1994 fue el primer dirigente en hablar de genocidio en Ruanda y criticó la invasión de Irak en 2003, entre otros muchos ejemplos.

Legado

Indudablemente, Juan Pablo II ha sido el pontífice más mediático e influyente de la historia. Sin embargo, ha contado con numerosos detractores, dentro y fuera de la Iglesia. El ser el líder de una de las mayores fes del mundo le puso en el punto de mira de sociedades ultranacionalistas como los Lobos Grises turcos, que estuvieron a punto de asesinar al pontífice cuando Mehmet Ali Ağca le disparó el 13 de mayo de 1981, salvando  la vida en el hospital. También Al Qaeda planeó asesinarle durante su visita a Filipinas en 1995, siendo el plan desbaratado, y un trastornado lefebvrista español también lo intentó en Fátima en 1982.

Otro aspecto interesante de su figura es su presencia atlética. Siempre fue un pontífice con buena forma física, siendo popular su hábito de correr por los jardines vaticanos, además de nadar y hacer rutas de senderismo. Sin embargo, tras el primer intento de asesinato y un cáncer su salud se resintió, haciendo que los últimos años de su pontificado mostrasen a un hombre débil de salud y necesitado de ayuda para desplazarse. Además, en 2001 se le diagnosticó de párkinson, lo que sumado a sus problemas de osteoartrosis y de oído preludiaba un óbito próximo. En 2005 fue ingresado por una gripe de la que se recuperó, pero pocos meses después una infección urinaria le causó una septicemia que provocó su muerte el 2 de abril de 2005. Pocas horas antes de morir, el Santo Padre dijo en polaco:

Pozwólcie mi odejść do domu Ojca (Dejadme ir en paz a la casa del Padre).

En la misa de réquiem celebrada en el Vaticano el 8 de abril se batieron todos los récords de dignatarios asistentes, una excelente muestra de su influencia política a nivel mundial, que sobrepasó sus funciones como líder del catolicismo. Su muerte impactó profundamente a la sociedad polaca, declarándose luto oficial desde el 3 al 8 de abril, y también se organizaron ceremonias fúnebres en su honor en Varsovia.

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El cuerpo del papa recibiendo los respetos de los principales líderes mundiales. Fuente: Wikimedia.

Canonizado en 2014, su presencia aún es importante en la memoria colectiva de los polacos, un país donde en 2020 el 97% de la población se declara católica. Rara es la localidad en el país que no le haya dedicado por lo menos una calle o una plaza, haciendo sincero homenaje al que es considerado el polaco más influyente del siglo XX. En el caso de Lublin, la universidad católica de la ciudad lleva su nombre, honrando así el tiempo que fue profesor en la misma.

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